
Artistas contrastados
contestando a los deseos
de un público encantado
que busca agradables momentos.
Historias, dramas y cuentos
de amor y rocambolescos
que arrancan los aplausos
de la gran multitud de honestos.
Cantos, lloros y lamentos,
más también para risas hay hueco,
quién entre en Les Malins decaído
seguro saldrá contento.
El tiempo no acompaña,
lluvia que no hay en España,
parajes verdes y bosques,
los sueños llegan a Francia.
Es difícil describirlo,
es casi una gran hazaña,
el sentimiento que aflora siempre
tras la obra, llueven las palmas.
Si es difícil contar eso,
imaginen conseguirlo,
gran labor de comediantes,
el savoir-faire no cae de un guindo.
Si algo poseen los “pícaros placeres”
es su poder de abrir las mentes,
con historias de amor de tres días
y un fluir de experiencias latentes.
El pecho se inunda de vida
y lágrimas buscan su salida
si escucho cantos, veo gestos,
cuyo fin único es la sonrisa.
¡Què sorpresa con las gentes!
Trabajando hasta el relente,
más no es trabajo es un presente,
tiempo a disfrutar del ambiente.
El amor cayendo del aire,
la mujer está siempre presente.
Que sufreguen ellas, que sufraguen,
alguna entrará en mi mente.
Olivier Boigandreau







