Relatos de coco.

Historia de una noche de ojos rotos.

Tumbado en el suelo de espejos, Boris leía unas anotaciones que describían el ambiente de un grupo de idealistas en el París de entreguerras.

Pese a lo agradable de la lectura y lo maravilloso de las proposiciones artísticas que el texto describía, Boris comenzó a sentirse cada vez más y más tenso, sin lograr descubrir una razón lógica. Lo único que podría hacer que sus nervios comenzaran a aflorar, era un intenso pero casi imperceptible zumbido que parecía extenderse a todos y cada uno de los puntos de su habitación.

De repente, le pareció ver pasar algo ante sus ojos, a una velocidad absoluta, y, en el mismo instante que pasaba ante su mirada, el ruido se intensificó hasta tal punto que varios de los ventanales se desquebrajaron en varios trozos, formando una nube piramidal de cristales minúsculos. Entonces, Boris saltó de la cama asustado, para agarrar el primer objeto contundente que encontrara. Resultó ser un coco.

Se situó en el centro de su habitación, tras encender todas las luces, y se dispuso a encontrar el origen de ese penetrante sonido. Pero no podía, ya que, por más que miraba, no lograba ver nada. Pero el ruido continuaba taladrando poco a poco su paciencia.

Se alejaba, se acercaba, volvía y se marchaba, tocaba sus cuadros, rozaba su piel…y él estaba cada vez más y más nervioso. Era un sonido tan débil, que Boris pensó que podría tratarse de una alucinación; pero su intensidad y sus cambios, le hacían pensar que era algo que estaba ahí, pese a no lograr verlo.

Se puso a andar de lado a lado de la habitación, con el coco en la mano, dispuesto a dar un batacazo al ser que perturbaba su tranquilidad de una manera tan estridentemente sutil. Con su movimiento, debió violentar al origen del zumbido, que pasó muy cerca de su oído derecho. El oído izquierdo hacía varios minutos que había dejado de funcionar, lo que hacía más difícil su búsqueda, por sólo contar con un plano auditivo; a la vez que la hacía más absurda, a saber: hombre con coco en mano enfocando con el oído derecho para luchar contra el silencio.

Tras varios minutos de angustia, se paró a observar los ventanales, que, tras el primer estruendo, se habían hecho añicos. Y, a través de ellos, estaban entrando minúsculas piezas de miedo, disfrazados de insectos diminutos dispuestos a picar a Boris para perturbar su sueño en vida.

Entonces lo comprendió todo. El sonido estridente y sutil no venía de una locura pasajera, sino de una locura aún mayor, y real, que se había enquilosado de tal modo que había frenado la individuación, la creatividad, la libertad y el espíritu onírico de la gente: era el odioso zumbido de la sociedad de los carteles y deseos vacíos.

Boigandreau

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Un comentario en “Relatos de coco.

  1. LaRrÚ dijo:

    Guau!!!! y yo esperando que mataras al mosquito!!!jajajjaja
    me gusta, rápido, intenso…consigue uno identificarse con boris, y su búsqueda del origen del zumbido…bello caro!!!!

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