Me llamo Boigandreau y fumo marihuana.

Fuente: Siracusa 2.0

Will Wilkinson, investigador de Cato, considera que los consumidores de cannabis deben salir del armario y presionar a la administración para que termine con la guerra contra las drogas. Además, algunos datos sobre recientes despenalizaciones avalan la prudencia política de una medida semejante.

El 3 de abril, Cato Institute presentó un informe sobre la despenalización del consumo de drogas en Portugal, aprobada en el año 2001, redactado por el abogado y escritor Glenn Greenwald. El documento, disponible en el sitio web de Cato Institute, señala que Portugal “es el único país miembro de la Unión Europea cuya legislación establece de forma explícita la despenalización de las drogas. Debido a que han pasado más de siete años desde la entrada en vigor de la despenalización en Portugal, contamos con datos abundantes para que sus efectos puedan ser evaluados”.


El informe analiza el consenso alcanzado sobre esta cuestión, del que sólo se autoexcluyó la extrema derecha, y la popularidad de esta medida entre la mayoría de la población del país, y demuestra que ninguno de los malos augurios de los contrarios a la despenalización se ha hecho realidad.

El consumo de drogas en Portugal sigue estando entre los más bajos de la UE, mientras que las enfermedades relacionadas con el consumo de drogas, tales como las ETS y las muertes por consumo, han descendido de forma drástica. Este fenómeno se atribuye a la oferta por parte del gobierno portugués de tratamientos, algo posible entre otras razones a la propia despenalización.

“Los datos demuestran que, usemos el criterio cuantitativo que usemos, la despenalización en Portugal ha sido un éxito clamoroso”.

*

“La respuesta es no, no creo que sea una buena estrategia para que la economía crezca”. Esto decía con cierta guasa la semana pasada el presidente Obama en un foro abierto, cuyo objetivo era responder a preguntas sobre la economía recibidas en la página web de la Casa Blanca. Las más populares tenían que ver con la legalización de la marihuana. “No sé qué dice esto sobre los internautas”, bromeaba el presidente mientras los buenos americanos que asistían a la reunión compartían risas. ¿Qué dice de los internautas? Acaso los defensores de la legalización de la marihuana esperaban que un presidente que una vez fumó dedicara algo de atención a las desastrosas políticas anti drogas de nuestro país, aún estando en medio de la recesión.

¿Han oído hablar de Santiago Meza López? Le llaman “El Sopero”. El pasado mes de enero confesó a las autoridades mexicanas que había disuelto más de 300 cadáveres humanos en ácido. El mercado negro norteamericano de las drogas es muy lucrativo y los traficantes mexicanos están dispuestos a matar a un montón de gente para controlar este mercado y hacerse con sus ganancias. Los cálculos modestos cifran la cifra de víctimas de la guerra entre bandas mexicanas rivales en más de 5.000 personas sólo el año pasado. Cuando matas a tanta gente es difícil saber qué harás con todos esos cuerpos en descomposición. Una forma de hacerlo es llamar al Sopero. Seiscientos dólares por muerto.

¿Saben ustedes que los Estados Unidos de América, el país de los hombres libres, es la nación de la Tierra que mayor proporción de personas pone entre rejas? Gracias en parte a la Guerra contra las drogas, los americanos encierran a más personas en la cárcel que los mafiosos rusos o los “islamofascistas” saudíes. Además, la prohibición de drogas y la política de sentencias judiciales en América golpea sobre todo a los hombres negros pobres, algo que destroza a las familias negras desfavorecidas y a sus comunidades, un contraste tragicómico al logro que supuso la elección de Obama. Todos los meses, departamentos de policía militarizada de todo el país echan abajo las puertas equivocadas, aterrorizan a familias inocentes, disparan contra ciudadanos respetuosos con la ley y a menudo matan al perro.

Así que, ¿de qué se ríe Obama? Para ser justos, en 2004 Obama tildó la Guerra contra las drogas de “completo desastre”. Y es mucho más cabal acerca de los porros que la mayoría de los políticos. En el pasado había exigido la descriminalización de la marihuana, y su Departamento de Justicia ha prometido que la DEA dejará en paz los establecimientos que distribuyen marihuana y que cumplen con la ley de sus estados (sin embargo, los federales acaban de asaltar una tienda de marihuana en San Francisco). Por supuesto que estos días Obama tiene mucho entre las manos. Pero su chanza despreciativa refleja la triste indiferencia hacia el desastroso experimento estadounidense con la prohibición. Esta es una “guerra” que no sólo ha fallado totalmente a la hora de acabar con el mercado de las drogas, sino que de paso ha perpetuado el vergonzoso legado norteamericano de estratificación racial, ha corroído los derechos y la seguridad de los ciudadanos americanos y ha fomentado una guerra civil en nuestra frontera sur debido a la proliferación de mercados de asesinos y liquidación de cadáveres como consecuencia de las drogas. Llamar a esto “desastre total” es quedarse corto.

Barack Obama fumó y se tragó el humo. “El objetivo era tragarse el humo” señaló con inteligencia una vez. Pero Obama también sabe cómo ser elegido presidente. Por desgracia, en estos momentos haber estado bajo los efectos de cierta sustancia segura pero ilegal y estigmatizada como la marihuana continúa siendo un lastre político.

Obama ha dicho que su consumo de drogas en el pasado fue un lamentable error juvenil, y tal vez se lo crea. Pero ¿por qué lamentarlo? Aún así se las arregló para convertirse en presidente, ¿no? Es fácil reírse de la gente que bloqueó la centralita de la Casa Blanca cuando nos los imaginamos como “fumados” cachondos. Y su descripción de los “internautas” reconoce la inocuidad de los consumidores de marihuana a la vez que evita tomarlos en serio. Pero ¿por qué no nos los imaginamos como gente normal motivada por el amor a la libertad, la justicia, la paz, y desde luego, la afición a la hierba? ¿Por qué no pensamos en ellos como profesionales exitosos que sólo se diferencian de Barak Obama en su ambición política?

La marihuana no es mala ni peligrosa. Los científicos han demostrado sus usos médicos. Ha librado a millones de la angustia. Pero el placer ocasional que la marihuana ha proporcionado es con diferencia mucho mayor que el dolor que ha aliviado, y el placer también importa. Probablemente fue por eso que Barack Obama fumó una segunda y una tercera vez: porque le gustó. Y esa es la razón de que decenas de millones de personas fuman con asiduidad a pesar de las leyes mal pensadas que se supone nos salvan de nuestra maldad.

En su blog, Andrew Sullivan, de la revista The Atlantic Monthly, ha estado recabando las historias de americanos típicos y productivos, como entrenadores de fútbol americano juvenil y secretarias del sindicato de profesores, que fuman marihuana porque les gusta, pero que temen, y con razón, salir del “armario del cannabis”. Acabar con esto es una idea muy necesaria. Si debemos replegarnos de la estúpida y letal Guerra contra las drogas, tenemos que terminar con el estigma del consumo responsable de drogas, y la marihuana es el mejor punto de partida. El super sagaz Barack Obama se las arregló para sacar dinero de su salida del armario del cannabis y la cocaína en sus menorias bestseller. Eso es un progreso. Pero su admisión llegó de la mano del matiz político del arrepentimiento. El progreso real llegará cuando gente sólida y sobresaliente salga del armario del cannabis con la cabeza alta.

Así que allá vamos. Me llamo Will Wilkinson, fumo marihuana y me gusta.

Artículo original publicado en The Week

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3 comentarios en “Me llamo Boigandreau y fumo marihuana.

  1. Marian Romero dijo:

    No fumo marihuana….. de hecho no fumo nada apto para fumarse jeje pero me parece increiblemente interesante lo que dices pues tienes toda la razón.! Buen punto y argumento… me encanta.! Excelente.!

  2. boigandreau dijo:

    Sí, se trata de un artículo del tal Will Wilkinson, pero no le falta nada de razón. Yo suelo fumar y me parece desconsideradas las penas contra este tipo de consumo y su prohibición, ya que fomenta el mercado negro, como el alcohol durante la Ley Seca (Al Capone le debe mucho a los legisladores).
    Con respecto a tu opinión sorbe el blog, te lo agradezco mucho, de verdad, me alegra que guste este espacio coquiano, mi correo electrónico está en la sección “Quién digo ser”, a ver si puedo escribirte un día de estos, sino puedes tomar contacto con toda confianza:)
    un saludo!!
    olivier

  3. Kuri Lonko dijo:

    A pesar de no ser un personaje importante, ni lider de opinión, hace tiempo decidí salir del armario, “Si, yo fumo marihuana…, y qué”, escribí en mi blog.
    Y cuál fué la razón de ello?. Fuimos invitados con mi compañera a almorzar a casa de unos familiares y antes de ello, el anfitrión aparece con una botella y sendos vasos, al ir a llenar el mío le digo:”No gracias, no bebo; fumo marihuana”. Imaginarás la cara que pusieron, extrañándose que cómo podía tener “ese vicio tan terrible”, sin querer asumir y reconocer que ellos son más drogadictos que yo, debido a que , según la calificación de la O.M.S, califican de más para ser alcohólicos.
    Entonces, en qué quedamos??
    Si quieres leer lo que escribí y opinar sobre ello, te invito a mi blog: http://laconsultadekurilonko.wordpress.com , bajo el título “Si, yo fumo marihuana…Y qué?”
    Saludois afectuosos.

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