En 2011 sigamos el ejemplo de Bélgica.

Pues no empieza bien el año… Nuevo código penal donde nuestra propiedad queda a expensas del Estado; la ley Sinde que podría aprobarse el mes que viene; entrada en vigor de los pornoescarner en breve, es decir, de esos aparatos que nos desnudan en los aeropuertos y se han hecho tristemente populares en Estados Unidos por sus funcionarios, que manosean a los pasajeros antes de entrar al avión; nos suben el gas, el butano y la luz y Sebastián afirma que la luz volverá a subir el año que viene… ¿qué se juega a que es después de las elecciones municipales?; el Instituto Juan de Mariana desmiente a Blanco y demás amantes de la represión fiscal afirmando que pagamos impuestos como nadie en Europa, pero lo peor es que el año que viene van a subir más para que el los políticos paguen sus excesos y favores a los grupos de presión.

Todo ello gracias a nuestra casta política. A propósito, si se quiere poner colérico con algunos ejemplos de los privilegios de la clase política española, dese un vistazo a la nota de mi blog (y a los gastos del mes de los políticos). Cuántos disgustos y desilusiones nos dan los políticos. Pero ¿qué pasaría si el Gobierno no hiciera nada? No digo que no existiera, sino que no hiciera nada de nada. ¿Estaríamos peor?

Aunque parezca mentira, Bélgica tiene una situación política –que no económica– peor que la española. Lleva 200 días sin Gobierno. Es un record histórico. ¿Se imagina? Más de medio año sin nuevas leyes intrusivas, sin que los políticos creen nuevas empresas públicas para sus amigos. Sin nuevos funcionarios en la administración. 200 días sin comités ni subcomités inútiles que sólo saben que restar nuestro dinero a expensas de los burócratas. Medio año sin promesas estúpidas, mentiras o cánticos de sirena que todo político sabe que no realizará.

¡200 días y Bélgica aún existe! No hay disturbios, ni asesinatos, los negocios funcionan, no hay más impuestos, no hay recortes “sociales”. Tal vez el único problema serio que tenemos ahora es el Gobierno y su intervención. Los dolores de cabeza de la sociedad civil han de ser resueltos por ésta y no por burócratas con nuestro dinero. Ellos en realidad se sirven de nuestro dinero para hacer nada o dejarnos peor. ¿Por qué no ahorrarnos a este incómodo y nefasto intermediario?

Por ejemplo, la ley Sinde. ¿Qué derecho tiene el Estado en defender un sector empresarial en contra del ciudadano? Es un problema del sector. Que se las apañe él con su dinero, no con el nuestro. ¿Qué derecho tiene el Gobierno a tomar la cultura como monopolio y arrebatársela así a la sociedad civil? Si el Gobierno nacionaliza la cultura, como ha hecho, convertirá a los artistas en funcionarios que solo vivirán de nuestro dinero. El mismo derecho tiene el Gobierno a crear la prohibición contra el tabaco que entra en vigor el año que viene. ¿Cree que el Gobierno tiene derecho a ordenarle qué hacer en su casa porque a mí me moleste? El “humo” es un problema de la sociedad civil. Ningún político tiene derecho a imponer su visión partidista en la propiedad de otra persona. No puede obligar al amo de un bar o restaurante a hacer aquello que va contra su establecimiento. Cuando lo hace, se vuelve un tirano. El Gobierno no es amo de nuestra propiedad ni de nuestra vida, en caso contrario nos convertiríamos en esclavos. En prisioneros de su campo de concentración. No tiene derecho a convertir nuestro entorno en un campo de concentración según su criterio e intereses, en un Guantánamo fiscal.

El ejemplo de Bélgica nos dice que si domina el desgobierno, las cosas siguen funcionando y mejor porque los políticos no se meten en nuestras vidas. Imagínese que desde julio no se hubiese aprobado ninguna ley nacional importante (como ha ocurrido en Bélgica). Ni habría habido una huelga general, ni habrían entrado nuevos funcionarios en la administración, ni habría subido la luz, ni los impuestos, ni el Estado tendría la potestad de robarnos el coche por sus leyes partidistas con el nuevo código penal, ni nada de eso.

Ya sabe que pedir para reyes, un Gobierno a la belga. Las cosas funcionarían mejor. Y cuanto más se erosionase el Gobierno, más autónoma sería la población. Estaría menos aborregada y al final el Gobierno sólo sería testimonial porque la gente habría sacado adelante su vida sin una oligarquía política que, día tras día, solo hace que minar el trabajo, libertad y vida de los ciudadanos. La anarquía puede llegar a ser orden, y el Gobierno siempre es caos.

Jorge Valín es miembro del Instituto Juan de Mariana
El artículo lo he recogido de Libertad Digital, sí, esa página que nos “venden” como “fascista”, pero en la que he encontrado artículos críticos más revolucionarios que toda la retahíla de palabras biensonantes de, por ejemplo, Público, hogar de progres que aman a Stalin sin saber lo que es un Gulag. No digo que en Libertad Digital no abunden fachas pesebreros que no usan el cerebro más que para chupar la bandera o agacharse ante las potencias occidentales, pero existen, muchos, bastantes, puntos de vista (contra leyes, gobiernos, en pos de las libertades, contra lobbies) que no se ofrecen en draconianas publicaciones de la izquierda sucia, empeñada en defender lo indefendible generando desinformación acerca del comportamiento de los políticos. Antes Estado y privilegios para nuestros camaradas que decir la verdad y luchar contra la corporatocracia.
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