Murió Bin Laden.

Hoy es un día triste. La gente confirma lo que muchos temían. Los titulares de los periódicos y las reacciones en muchos países no dejan lugar a dudas.
La gente quiere ser idiota, lo desea fervientemente. Yo no digo que lo sea, ni mucho menos, sólo observo, pienso y me pregunto: ¿quieren parecerlo verdad?.


¿CÓMO TRASLADARON EL CADÁVER PARA LANZARLO AL MAR?

Por Peter O’Culghingam, THE LIAR POST.

No hubo respeto para el recién fallecido: “Tuvimos que llevarlo atado en la baca. En nuestro hummer no cabía ni un alfiler”, Timothy Graham, soldado graso del Ejército Estadounidense.

Eran las diez del mediodía cuando empezaron los disparos. En la enorme urbanización de Abbottabad, donde varios generales pakistaníes retirados confundieron los disparos con ejecuciones de su propio régimen, todo marchaba con normalidad. Tan sólo se notaba el viento de varios helicópteros Apache que pasaban y venían, así como el terrible temblor de varios tanques norteamericanos. “Normalmente nos enteramos de cuándo nos atacan con aviones no tripulados y silenciosos, pero hoy pude dormir como un lirón, por lo que me sorprendió mucho que, al levantarme y encender el ordenador, tuviera el buzón lleno de emails diciendo que Osama había muerto”.

Sí, el terrorista más buscado del mundo, el mayor enemigo de nuestra sociedad occidental limpia y puritana, no había logrado escapar de la trampa que le tendió su pizzero de confianza: “Normalmente la pedía con queso y poco pepperonni… pero el Ejército estadounidense me dijo que, en esa entrega, le pusiera mucho chorizo. Supongo que será el típico humor de New Hampshire”. Al ver tanta carne, Osama se temió lo peor, y así era. Como dijo el Presidente Obama: “Hoy se ha hecho justicia. Justicia de la buena. No de esa separada del poder ejecutivo, tan lenta, que permite al acusado defenderse. Si no de la del Far West, en la que hay buenos y malos y, por supuesto, los malos tienen que morir brutalmente”.

Los disparos y los chistes comenzaron. Hubo un feroz intercambio de fuego entre los combatientes, pues a uno de los bandos se le olvidaron las cerillas. Después de varias horas de lucha, se daba a conocer la noticia: Bin Laden había muerto. Para ello difundieron una foto falsa y manipulada, nada que ver con la información que normalmente nos brindan los medios de comunicación. Cuando se descubrió el entuerto, tuvieron que decir la verdad: “Lo hemos tirado al mar, no nos quedaba otra, el cuerpo apestaba y yo volvía en dos días a ver a mi mujer y mis dos hijas. No podía volver con olor a muerto, yo sólo defiendo a mí país”, argumentaba Peter Trueva, Sargento de la división acuotransportada.

Y aquí empieza una rocambolesca historia en la que Timothy Graham, natural de Iowa, soldado graso de las Fuerzas Armadas Estadounidenses, queda encargado de tirar el cadáver al mar. “Lo primero que hice fué meterme en Google Maps a través del iPod. Aquí en Pakistán no hay muchas redes WiFi pero por suerte los Bin Laden tenían contratado el ADSL de Timofónica y pudimos desecriptar su clave. Después de mirar mi Twitter y ver el correo, busqué el punto más cercano donde hubiera mar: Karachi”.

Karachi, la segunda ciudad de Pakistán, Uno de los países con la población más integrista, con un Gobierno corrupto que, al contrario que el Libio, no es atacado “para defender los derechos humanos”, pese a la represión del régimen. La misión del soldado Graham era la de trasladar el cuerpo de uno de los líderes más influyentes del fanatismo terrorista por uno de los territorios más afables con Al Qaeda. Y todo esto en un hummer del ejército estadounidense. “Además habíamos puesto algunas pintadas en el capó. Después de ver Pimp my car en la MTV nos flipamos un poco e hicimos un graffiti de un musulmán degollado”.

Así, tuvieron que hacer un largo camino (según Google Maps se tarda unas 17 horas) que les llevaría desde Abbottabad hasta Karachi sin escalas. “pasando por Moscú el billete salía más barato, pero decidimos ir directamente para poder disfrutar de un día de playa”. “Tuvimos que llevarlo atado a la baca. En nuestro hummer no cabía ni un alfiler. De hecho, el cocinero se tuvo que quedar a dar de cenar a la familia muerta”. Mil quinientos kilómetros, por carreteras secundarias,  “las había incluso terciarias, y paleolíticas”, en un territorio hostil y con la bandera americana a media hasta, para trasladar el cadáver de Osama Bin Laden antes de que la noticia saliera.

“Antes de morir nos confesó algo: no le gustaban los focos, nos pidió por favor que nadie le hiciera fotos. Nosotros, que respetamos a las personas que matamos, no pudimos negarnos”, apuntaba el soldado Graham. Y así es como acabó el hombre más buscado del mundo, siendo el nuevo objetivo subacuático de la empresa buscatesoros Odyssey. Curioso nombre, tras la odisea de la última década para buscar y aniquilar al hombre más terrible del mundo.

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