La tiranía del buen gusto.

Excelente artículo del interesante blog Mi mesa cojea. O de cómo se imponen los discursos edulcorados y se atacan sin cuartel las ideas que uno no comparte. Desde el votante de derechas al que la exhumación de las fosas comunes de la guerra civil siempre le parecerá un intento rojo por reescribir la historia, al votante de izquierdas al que la siple mención de un disidente cubano le pone del color de su voto…Vamos, que ambos casos, de escuchar e intentar discernir, poco o nada.

Se suele atribuir a Voltaire la frase: “no estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo”.

Hoy pocos (quizá nadie) defendería con su vida la libre expresión de ideas que no comparte. De hecho, raramente se escuchan ideas opuestas a los propios prejuicios; generalmente solo se oyen, como un ruido de fondo. Los debates son monólogos entrecruzados destinados a reafirmar posiciones. La realidad se simplifica en eslóganes, en clichés, desaparecen los matices.

A Noam Chomsky le persigue la acusación de antisemita y negacionista del holocausto desde hace tres décadas. Podría tratarse de un judío anti judío, por supuesto, cosas más raras se han visto. Pero el hecho es que Chomsky jamás ha negado el holocausto. En la entrevistsa incluida en Chronicles of Dissent (1992) Chomsky dice: “Hace años describí el holocausto como el más asombroso arrebato de locura de la historia de la humanidad, tanto que con sólo aceptar discutir sobre el asunto nos degradamos a nosotros mismos.” Difícil ser más tajante.

¿Entonces por qué todavía hoy se leen acusaciones de negacionismo contra Chomsky? Porque en 1979, un francés llamado Robert Faurisson publicó un ensayo poniendo en duda ciertas circunstancias del holocausto. Afirmaba, por ejemplo, que no hubo cámaras de gas y que no se produjo una matanza de judíos.

El texto de Faurisson violaba las leyes anti-negacionistas de Francia, así que fue expulsado de la Universidad de Lyon. Quinientos intelectuales de todo el mundo firmaron entonces un manifiesto pidiendo que Faurisson pudiese ejercer su derecho a la libre expresión y a la cátedra. Uno de ellos fue Noam Chomsky. Muchos interpretaron esta petición como un aval a las tesis negacionistas del ensayo.

A raíz del escándalo, Chomsky escribió el artículo “Comentarios elementales sobre el derecho a la libertad de expresión” donde, entre otras cosas, dice:

«Las conclusiones de Faurisson son diametralmente opuestas a mis puntos de vista (…) Pero es fundamental que la libertad de expresión, incluyendo la libertad académica, no sea restringida a los puntos de vista con los que uno está de acuerdo, y es precisamente con los puntos de vista que son casi universalmente desechados o condenados donde este derecho debe ser defendido con mayor fuerza.»

Fue más o menos en estos años, a principios de la década de los 80, cuando la expresión “corrección política” adquirió el significado que le damos ahora, el de aquella táctica para imponer una mirada oficial y blanda a una realidad dura y compleja. En aquellos años nacieron los conceptos afroamericano y discapacitado.

Hoy, tres décadas después del ensayo de Faurisson y del nacimiento de los afroamericanos, Chomsky y Voltaire parecen seres de otra galaxia, portadores de ideas marcianas casi incomprensibles para el ser humano. Hoy las ideas impopulares y disidentes, las expresiones incorrectas y polémicas no tienen lugar en el Estado de Derecho. La tiranía del buen gusto oficial ha sido impuesta con tiempo y sutileza por los poderes políticos y la masa social.

En el extremo opuesto de la corrección se ubica la zafiedad de la televisión basura, único mal gusto socialmente tolerado, aquél que no pretende decir nada, que no lleva a nada, que no cuestiona nada. Ése que los poderes pueden permitirse porque nunca germinará en una nueva idea.

Buena parte de internet no está regido (aún) por las leyes del mercado. La mayor parte de los blogueros no rinde cuentas a un consejo de administración ni a un editor. Parece el medio adecuado, por tanto, para cultivar y fomentar el pensamiento disidente y el debate que los medios nos niegan. Y, sin embargo, cuando alguien lo intenta (y hemos visto varios casos recientemente), es condenado, malinterpretado e insultado por parte de sus lectores.

Es fácil defender la expresión de un mensaje con el que comulgamos. Lo complicado es defender posturas y discursos opuestos a los nuestros aun a riesgo de ser malinterpretado o condenado o despedido. Pero es eso, y no otra cosa, lo que significa libertad de expresión.

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2 comentarios en “La tiranía del buen gusto.

  1. luuu^^ dijo:

    Es cierto, a veces cuesta tanto aceptar estas libertades. Incluso algunos paises luchan por logran un poco de esta. Sin embargo, cuando la tienen solo la manipulan a su antojo, que es casi lo mismo que no tenerla. Los medios de prensa juegan a libertad de expresion y nos dejan solo rastros de mala informacion. No hay lugar para la verdadera critica, el debate. No se fomenta el nacimiento de nuevos pensamientos, sino la alineacion o adopcion de ideologias, muchas de ellas carentes de sentido para estos tiempos…

    El ultimo parrafo es algo mas esperanzador, cuidemos esta libertad que nos brinda el internet. Y defendamos uno de los derechos mas sublimes… la libertad.

    Saludos!

    • boigandreau dijo:

      yo creo que es la palabra más utilizada pero el concepto menos usado. siempre hay situaciones en la que está cercenada, y ojo, no siempre son agentes externos, muchas veces incluso nosotros mismos cercenamos nuestra propia libertad en pos al “qué dirán” o en pos a “no destacar en una sociedad igualitaria”. pero claro, existe el mal concepto de igualdad, igual que el de libertad…. libertad es poder crear sin que nadie se meta en tu camino, y poder crear sin meterte en el camino de nadie!

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