General Tiempo.

Rugen feroces las ansias por alcanzar el destino sin tan siquiera haber caminado. Mirar el tiempo y su mirada impertérrita y fría ironizando sobre todas y cada una de las acciones que buenamente van sorteando las trampas del pensamiento apegado a las manijas del sol a sol.

Pasan las horas de largo y ni saludan, envueltas en un halo de tristeza enmarcada en la sonrisa más bellaca. Saben que impiden el crecimiento tranquilo y sosegado de la observación natural y se vanaglorian al comprobar que, tarde o temprano, las tendrás en cuenta, aún buscando eludirlas.

La dispersión temporal ocasiona que el cerebro hierva de sensacional cóctel de emociones sin clasificar, que vagan en algún lugar de un calendario maldito en el recuerdo y bendecido de olvido.

Y, mientras tanto, cabizbajo, sospecha el presente que ni él mismo sabe dónde encontrarse ni a qué atenerse, y teme que, entre tanto, haya perdido el barco por esperar a hacerse su propio bote.

Navega entre dos aguas dominado por las olas, las mismas que unas veces están y otras veces se retiran, dejando la orilla preñada de dudas.

Intuye que lo racional embriaga con sus cadenas pero concluye que lo pasional no puede beber solo, convirtiendo así en un mejunge su paso por la garganta que nace y muere.

Olivier Boigandreau

“Piensa que las nubes grises tienen mucho más que expresar que un cielo azul”

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