La bajeza moral de los mass media.

Estuve en las calles de Madrid en día 15 de Octubre. Seguramente había prácticamente la misma gente entre Atocha y Sol que la que los periodicos gratuitos adjudicaban a la Noche en Blanco del año pasado. Si no había la misma, réstale cien o doscientas mil personas, seguirá siendo una cifra bastante alta. Quizá alcanzando a grandes manifestaciones como la del 15 de Febrero de 2003 en contra de la Guerra de Irak (nada se ha dicho desde la farándula o sindicatos de la de Afganistán), o llegando a cifras parecidas a las manifestaciones en contra del terrorismo etarra (me gusta hacer equivalencias entre los asesinos de la pistola y los asesinos del púlpito, basuras ambos, les gusta disparar por detrás, sin que nos enteremos).

Estuve. Ví lo que ví. Ví mucha gente. Con corbata, con rastas, con bastón y con pancartas. Grandes, pequeños, viejos, jóvenes. Matrimonios, solteros, seguramente hasta viudos. Ví música, ví idiotas encapuchados frenando los tambores, ví como los de los tambores seguían. Ví policía, incluso ví a una mujer policía guiñar un ojo a algún conocido, sabía que eran humanos. Ví una masa avanzar desde Atocha, mirar hacia adelante y ver la calle que va de Neptuno a Cibeles completamente llena, avanzar por el parque, con otros cientos, y asomarme a Gran Vía y ver gente y gente hasta donde alcanzaba el horizonte. Seguí viendo gente al avanzar hacia el Banco de España, gente no, multitudes. Riendo,bailando, gritando, quejándose…también charlando, en corrillos, proponiendo, haciendo ágora. Quise ir por la calle Alcalá pero era prácticamente imposible avanzar ya desde el principio, tomé Callao. Fuí por Montera a saludar a las madres de los parlamentarios, resulta que ellas no son. Y al final de la calle una masa ingente de personas avanzaba en dirección contraria… ¿la policía ya hacía de las suyas? No, la gente sabe comportarse, no necesita papás ni porras para saber de civismo, regresaban porque “en Sol no cabía ni un alma”. Rodeé para entrar por la Calle del Carmen y conseguí, por fin, entrar en Sol.

Había estado durante la Acampada un par de días, en alguna de las manifestaciones posteriores, y nunca había visto tanta gente. Era una fiesta, una jornada ciudadana… Lo que no ví fueron periodistas, no en Sol, ví a Catalunya Radio al principio de Gran Vía. Supongo que, los demás (El País, El Mundo, La Razón, ABC, Público), hacían guardia en las azoteas junto a las grandes estatuas negras para, desde lo alto, poder contar las miles de personas que salieron a la calle para quejarse del actual modelo social. Ese modelo que los medios, no ya los medios, sino los miserables perrodistas, sin alma ni criterio propio, se encargan de mantener. Putos becarios, niñatos cuyo sueño se va por el retrete cada vez que manipulan la realidad. Allá ellos, la dignidad es un bien preciado cuando uno no tiene trabajo. Ellos creen que son intocables, supongo, pero desconocen que solo serán útiles un tiempo. Cerebros podridos…

¿Por qué la gente sigue creyendo que a los medios les importa lo más mínimo lo que le ocurra a la gente normal? ¿Por poner una sección de política anaranjada uno ya piensa que los focos mediáticos se están interesando en esclarecer y explicar de forma honesta la realidad de la calle? ¿Creéis que el periódicucho pijoprogre “para todos los Públicos” va a arriesgar su publicidad de El Corte Inglés por explicar la realidad de nuestro país sin hacer referencia a Irak o el Prestige? ¿No merece Piqueras, o Prats, una cornada en forma de baja audiencia? Sí, la merece, pero lamentablemente hay personas en España que siguen confiando en quiénes saben que les engañan. Debe ser cosa de que nunca en España cortamos la cabeza al Rey, y que seguimos siendo unos campesinos ignorantes que agachan la cabeza ante la injusticia o se dejan llevar, sin reflexionar, por modas o propaganda ideológica de cualquier bando.

Porque por mucha gente que hubiera en Sol cuando conseguí desembocar en la plaza, y por mucha ilusión y emoción que mi cuerpo y mi mente atesoraban, todo se esfumó en el momento en el que alguien cogió el micrófono, empezó a decir gilipolleces sin sentido, comenzó a mandar agacharse y sentarse a la gente (beeee) y, cerrando con el mismo discurso vacío, hizo que TODO EL MUNDO vitoreara mientras yo me preguntaba “¿Qué cojones aplauden, qué ostias ha dicho el pibe de forma sensata, qué clase de masa es esta?”. Dice mi amigo Japa que demasiada masa vitoreando sin sentido, sin saber qué vitorean, es fascismo.

En ese momento comprendí que el futuro del 15O está, como dije en mi anterior post, en la atomización del movimiento, en la creación de un movimiento viral (o de guerrilla: véase la ocupación del Hotel Madrid) y no de masas, en la consecución de un discurso no dogmático y abierto al cambio y reflexión constante (inteligencia crítica, debate y acción) y presto al olvido de esas dos ideologías que convirtieron los sueños de las personas en grandes carteles con líderes de barro.

Porque… si soy crítico con lo que odio, ¿por qué no serlo con lo que puedo llegar a amar?.

Boigandreau

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2 comentarios en “La bajeza moral de los mass media.

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